miércoles, 4 de mayo de 2011

LA CLASE DE MATEMÁTICAS

La profesora de matemáticas parece un canal por el que inteligencias extraterrestres estuvieran transmitiendo un mensaje encriptado. Ella lo escribe en la pizarra y se nota que lo vive como uno de esos placeres que aumentan con la aceleración. Los tic tic tic de la tiza al golpear la superficie verde y lisa tienen un poder hipnótico que mantiene a toda la clase callada. A mi compañero de pupitre se le nota que goza, de forma desmesurada incluso. Hay un disfrute en la comprensión de ese lenguaje que para mí es indescifrable. Números y signos que todos copian y entienden. Yo también copio, copio abismos. Ahora dejo vagar la mirada por los aburridos objetos de la clase hasta acabar en el libro que tengo abierto sobre la mesa. En hueco que se abre debajo del lomo, en esa entrada oscura veo moverse algo. Con disimulo saco la lupa de la mochila y observo con atención: es un minúsculo hombrecillo, calvo, con el cabello emparrado y gafas de culo de vaso. Lleva un teléfono antiguo en las manos, uno de esos negros, con disco de marcar. Se mueve como si buscara algo, pero sin asomo de nerviosismo. Como si encontrarlo no fuera a resolver nada. Luego se sienta en el libro, sobre una equis y deposita el teléfono a su lado. El cable que sale del teléfono se pierde en la negrura del hueco que se forma debajo del libro abierto. El tic tic de la pizarra va sonando cada vez más lejano, más extraño. Y ya ni siquiera me sorprende estar ahora agarrada del cable de teléfono, tirando de él para adentrarme en la fantástica gruta.

21 comentarios:

Raúl dijo...

Lo que no consigan las matemáticas...
Me ha gustado de menos a más, Araceli; en progresión geométrica, pongamos.

Rosa dijo...

Nunca me han gustado las matemáticas....Pero si yo hubiese tenido un hombrecillo en mi libro, me hubiesen encantado.
Imaginativo relato, me gustó.
Saludos

Celsa Muñiz dijo...

¿Ves?, para que luego digan que las matematicas no sirven de nada. Sirven para escapar del aburrimiento creando mundos de fantasía. ¡Cuantos grandes escritores se han aburrido en clase de mates! Yo solía hacer listas de las cosas que me gustaria comprar en la siguiente temporada. Por eso no soy muy buena escritora, jejeje
Me ha encantado.
Un abrazo.

AGUS dijo...

Me encantó, Araceli. "Copio abismos", genial. Y la aparición del hombrecillo espectacular.

Abrazos.

Isabel dijo...

Como no me gustan las mates he ido contigo a donde me hubieras querido llevar, y aún estoy descubriendo cosas interesantes en la gruta.

Como siempre: genial.

Un fuerte abrazo por el disfrute de leerte.

Rocío Romero dijo...

Genial Araceli. Además, me he visto reflejada en el personaje a quien las matemáticas le parecen criptogramas sin leyenda ;-)
La descripción del hombrecillo y la caída desde la realidad hasta la gruta es para leerla mil veces y comprobar porqué no nos sorprende, y dónde se esconden las costuras.
Guau ;-) Abrazos y besos

muerte roja dijo...

Las matemáticas y el mundo de la fantasia van estrechamente unidos, no ha ecuasión que no tenga entrada al país de las musarañas.
Un saludo Araceli :)

Susana Camps dijo...

Qué clima tan bien logrado. Me gusta mucho el uso del lenguaje; también destacaría "copio abismos".
Saludos.

Rosana dijo...

Yo debí de estar en esa gruta en clase de mates de primaria porque llegaba a casa y me daba cuenta de que no sabía lo qu ehabía pasado durante esa hora, como si no hubiera estado. Las ciencias eran otra cosa...ahí si estaba, mira tú.
Me ha gustado mucho este micro Araceli.

Un abrazo

Miguel Baquero dijo...

Creo que soy como tú, de los que a las matemáticas les resultaba un lenguaje incomprensible y hubiera preferido meterse en esa fantástica gruta del hombrecillo, aunque no supiera lo que iba a encontrar

Lola Sanabria dijo...

¡¡Buenísimo!! Me encantó esa búsqueda de lo mágico para escapar del tedio. Y el final es estupendo.

Besos y abrazos de mujercilla.

Gemma dijo...

La verdadera historia de la mujer menguante. :-)
Es estupendo ver cómo reelaboras el miedo a las mates de tu protagonista (ese entusiasmo ajeno) en una historia fantástica en la cual sólo ella tiene la clave...
Besos

Antonio de Castro dijo...

Empiezo a leerlo en el ordenador del trabajo y me da que va a ser tremendo, prefiero imprimirlo y leerlo luego en casa con calma...

mariajesusparadela dijo...

Pues yo no envidio al resto de la clase, la envidio a ella.

Reyes dijo...

Jejeje, qué bueno, hay q ver q imaginación tienes.

manuespada dijo...

"Fantástico", Araceli, el micro, el estilo, todo.

Antonio de Castro dijo...

Buenísimo, y aunque es mucho más que eso, yo no puedo evitar leerlo como una alegoría del terror que me producían las clases de matemáticas y el energúmeno que las impartía.

Juan C. dijo...

Es que no tiene nada de tonto porque si bien se piensa, dejando de lado la geometría (que es espacio) la matemática no deja de ser una ciencia del tiempo, el tic tic tic tac de la tiza en la pizarra viene al pelo, creo.
Buen blog. Enhorabuena.

savi dijo...

el savi no té res a dir ...es mou entre la banalitat i la fatalitat...iespera pacienment la fí del mon

NáN dijo...

Para empezar: esa clase que sigue las tizaduras de la profe de matemáticas, entendiendo los símbolos que copian, me produce una oleada de placer tranquilo de gentes jóvenes descifrando el mundo.

Para seguir, el hachazo de "Yo también copio. Copio abismos" ha sido como un bofetón de placer, algo instantáneo y brutal. El relato podría haber terminado ahí, en la exasperación de una niña (con la que todos, más o menos, nos sentimos identificados).

Pero ese hachazo se convierte en un punto de fuga delirante en el que un hombrecillo se sienta sobre la X de un libro, con un teléfono de los antiguos al lado.

Y me deja con el placer de una sonrisa.

Fantástico, Araceli.

Niyomismo dijo...

Me ha encantado tu relato, y sobre todo, el tic tic ese de la tiza al escribir y golpear contra la pizarra mientras escribe me ha hecho retoceder a mis tiempos de escuela, muy bueno, me gusta, y tu hombrecillo ¿dónde se escondió al final? Un abrazo desde Pamplona.