jueves, 9 de octubre de 2008

DOBLE O MITAD

Marisa ha muerto. Digo las tres palabras en voz alta para acabar de creerlo. El ruido exterior me impide pensar con claridad. Me levanto del escritorio y me acerco a la ventana desde donde veo a un obrero abriendo una zanja en la calle. Es la tercera vez este año, abren y cierran por los mismos lugares como distintos cirujanos que operan una y otra vez el mismo órgano. La taladradora convierte el asfalto en gruesos pedazos que se parten como la corteza de un pan quemado. El suelo vibra por el trabajo de los obreros y la vibración favorece el camino a las lágrimas. Nada será igual sin ella, sin su boca, sin su ternura de gata esquiva.
Regreso a mi mesa. Una luz en una de las esquinas superiores de la pantalla del ordenador parpadea insistente como el llanto de un bebé. Es mi secretaria. Su cara emerge en la pantalla de forma grosera. Díme, le digo. Disculpe, salgo un momento, dice ella.
Regresa el silencio a la calle y vuelvo a la ventana. Se han ido los obreros. Han cerrado la zanja y unas vallas protegen el cemento fresco de las pisadas de algún peatón despistado. Un gato pasa entre los barrotes de la valla con sus lentos pasitos elegantes. Ignora que sus huellas han quedado marcadas para siempre en la espesa sopa de cemento. Lucía, mi secretaria, llama a la puerta y entra con un paquete. Es el regalo de aniversario que ha comprado para que esta noche sorprenda a mi mujer.

3 comentarios:

miguel baquero dijo...

¡Me cago en...! Y yo que me he creído hasta la última palabra que estabas hablando en serio, que Marisa era una amiga íntima tuya o algo así. Pues eso, que una de dos:
-es prueba de que tu cuento es muy veraz, creíble y sin trampa
-es prueba de que yo soy un pardillo.
Un abrazo.

el pasado que me espera dijo...

Pues yo diría que es prueba de que la línea que separa la realidad de la ficción es tan tan fina que a veces uno no sabe de que lado está.
Un abrazo también.

Anónimo dijo...

Són unes comparacions increibles. És com età narrat que frapa. Un petó.