martes, 14 de octubre de 2008

19-F


19 DE FEBRERO

Hace unos años trabajé como jefe de protocolo del Ministerio de Exteriores. La tarde en la que recibimos al embajador de Svequia, hacía un frío polar y en las calles la nieve había dejado un silencio luminoso y una atmósfera diáfana. El embajador llegó puntual y bajó del coche oficial. Iba solo y vestía un abrigo gris de lana y un gorro de piel de zorro. Subió la escalinata con las manos metidas en los bolsillos y espirando nubes de aliento blanco. El Ministro esperaba ante la puerta acristalada y el embajador con una agilidad notable, subió los tres últimos peldaños de la escalinata circular. Ambos se acercaron y se disponían a estrecharse las manos. Entonces lo vi. De la manga derecha del abrigo del embajador, en el lugar en el que debía estar su mano, acerté a ver horrorizado como asomaban los dedos amarillos y huesudos de una pata de gallina.

8 comentarios:

Bárbara dijo...

¿Continuará o nos tendremos que quedar con las ganas?
Yo sospecho seriamente que bajo la piel de algunos políticos hay auténticas alimañas de corazón frío...

miguel baquero dijo...

Joder, chica del pasado, qué cuentos más inquietantes los tuyos. Molan mucho. Yo esperaba que se fuera a resbalar en las escleras y a desnucarse, pero no. He vuelto a picar como un pardillo.
En serio, enhorabuena

Reyes dijo...

Pues podía ser peor....
una pezuña de cabra, por ejemplo.
Ay. qué miedo.
Me gustó mucho, también .
Besito.

El Viajero Solitario dijo...

¿Realmente tenía una pata de gallina en lugar de mano o es que el embajador era un cachondo harto de tanta solemnidad?
Inquietante el relato. Me gustó, Araceli.

Por cierto, empiezas a referirte al embajador en minúsculas y terminas ascendiéndolo a mayúsculas, ¿por algún motivo que no acierto a adivinar?

El Hombre Blanco dijo...

Si a mí se me hubiera ocurrido un cuento como éste, sólo le habría dado al embajador unas manos frías, muy frías, que helaran los dedos de quienes las tocaran... retorcido que es uno...

Raúl dijo...

Ciertamente, parece el inicio de algo de lo más prometedor, aunque ya en su dimensión actual, tenga una atracción irreprochable.
También, al igual que El Viajero, he caído en el detalle de la palabra Embajador.

el pasado que me espera dijo...

Pues la verdad, BÁRBARA, es que no sé si quedará así o seguirá la historia. Nunca lo sé. Es cierto que muchos políticos son auténticas alimañas, parece que cada día esconden menos su condición.
Me alegro que lo hayas encontrado inquietante, MIGUEL.
Ostras REYES, una pezuña de cabra tampoco hubiera estado ´mal pero ¿ le hubiera cabido en el bolsillo? VIAJERO Y RAÜL me encantaría deciros que el cambio de minúscula a mayúscula obedece a una profunda razón sin la cual el relato no acaba de entenderse. Pero no, ha sido un gazapo ortográfico que remediaré enseguida.
Gracias a todos por leerme y por dejar vuestros comentarios.

David C. dijo...

q raro.