miércoles, 9 de noviembre de 2011

LAS MUÑECAS DE MARTITA

Le gusta mucho peinarlas, les pone colonia y las cuida con mimo. Su madre les hace vestiditos de vivos colores y ella las coloca sentadas como si tomaran el té. A veces les sirve sopita que prepara con agua, tierra y pétalos de margarita. Cada una tiene su nombre, con el que a menudo las regaña. Sofía, no sorbas la sopa. Merceditas, siéntate bien. Rocío, deja de poner esa cara. Y ahora que ya no se aburre ni está nunca sola, las horas se le pasan volando. Cuánto trabajo me da esta chiquilla, piensa su mamá, pero da gusto verla cómo se divierte, lo que le gusta jugar con sus muertitas.

18 comentarios:

Rosa dijo...

Jolín Araceli que final tan macabro...Me has pillado.

Besos desde el aire

Maite dijo...

Auch, menudo mazazo. Muy bien escrito Araceli, me gustó mucho todo el desarrollo hasta llegar a ese terrible final.

Rocío Romero dijo...

Brutal. Y excelente. Y... no sé, a mí me encanta ;)
Besos

Olga Bernad dijo...

Las muertitas de Martita ponen los pelos de punta, Araceli.
Me recuerda a aquel célebre anuncio de las muñecas de famosa, que echaban a andar por Navidad en todas las teles con esa sonrisa hierática de zombis encantadoras y terribles, dirigiéndose al portal quién sabe con qué intenciones...

Nicolás Jarque dijo...

Los niños aprenden imitando a sus mayores, y es muy tierna la imagen de esa niña con sus muñecas, aunque el final deja un halo de misterio que eriza el vello.
Me gustó mucho.
Un saludo.

Ximens dijo...

La verdad es que "muertitas" (sin vida) deja abierto el relato a doble interpretación. No encuentro pistas que me indique que eran niñas. Lo que sí queda claro, por lo que dice a sus muñecas, que de algún modo está imitando a la madre.

Patito dijo...

Sopa de tierra, agua y margaritas, Yo hacía eso. Bueno creo que todas las niñas pero ahora me lo has recordado, yo no usaba margaritas usaba geranios. ¿Muertitas? Pero ¿de que va eso?

Reyes dijo...

Pero la mami las embalsamaría me imagino, no?
Que si no huelen fatal.

Elena Casero dijo...

¡hala, menudo final¡

qué relato más bueno, como a mí me gustan


muchas gracias por tus deseos. Tengo un presentador de lujo y todo irá estupendamente.

Un abrazo

Elysa dijo...

Lo que más me gusta es la tranquilidad que destila todo el texto, tan normal, tan cotidiano en los juegos de las niñas y al final ¡toma!
Me ecantó.

Besitos

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Lo que cambiaría el valor de tu micro si sólo cambiases la última palabra. Esa guinda que hace apetitoso al pastel.

Perfecto, Araceli. Dado que el final, parece que pero no se puede decir que, con lo que abierto pero contundente.

¡Hay que ser muy bueno para escribir así!

Un saludo,

Juan Yanes dijo...

Eso, viva el humor negro y las escritoras inteligentes. Un saludo Araceli.

R.A. dijo...

En tu línea de aquel ganador del Diomedea de la familia enterrada unida...

Lo más logrado es ese aire de normalidad familiar que aumenta por contraste lo macabro del final.

Escritora inteligente, así es.

Un abrazo

Flavia Company dijo...

Con dos palabras, colega querida: Bru Tal. Bár Baro. (Mira, nunca había pensado en este nombre para un bar... seguro que hay alguno).

Miguel Baquero dijo...

Yo estaba temiendo algo, como cuando suena la música en las pelis de miedo, pero reconozco que al final, como en las pelis, me he llevado el susto...

Anónimo dijo...

Amiga Araceli,ja veus que ,de tant en tant,entro en el teu blog...et faré un petit comentari...mmm...

savi petons.

llorenç dijo...

Ets una monstra, Ara..

Raúl dijo...

A mí, en cambio, esa voz interior de la madre me distorsiona un poco el relato. Fíjate.
Qué ganas tenía de no estar completamente de acuerdo con uno de tus cuentos. Joder.
Sonrío.