jueves, 22 de marzo de 2012

LOS PIES DE BARRO DEL ABUELO

Una mezcla de curiosidad y bonhomía a proporciones áureas hizo de mi abuelo el mejor compañero para casi todo. Me dejó libros que me abrieron a universos fascinantes, desentrañó el mapa de los cielos mientras señalaba las constelaciones con su dedo ganchudo, pero sobre todo me obligó a pensar, a no quedarme con lo fácil. Crece en la búsqueda, me decía. Ahora puedo decir que casi todo lo bueno que hay en mí, retiene, de alguna forma, el contorno de su huella.
Hasta que llegó el cáncer y lo desmontó. La enfermedad le volvió irascible y malhumorado. Dejó de leer y su sonrisa se torció, quedó congelada en una mueca de desaprobación constante, como si nos culpara a todos de su desgracia, de dejarle solo en ese viaje hacia el desmoronamiento.
Cuando la semana pasada fui a visitarle y abrió la puerta, su rostro había perdido toda sombra de crispación. Encadenó dos suspiros de alivio que subrayó con una pincelada de luz infantil en la mirada. Sonreía cuando dijo: es la abuela, parece que también ella tiene cáncer.

16 comentarios:

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Este es de esos relatos que cobran todo el sentido cuando llegas al punto final y relees el título que habías olvidado.

Es brutal, Araceli, en el sentido más amplio. Brutal de bueno, porque es un micro buenísimo, narrado en una prosa de elegante aliento casi lírico, que le dota de poder evocador. Y brutal en el sentido doloroso del término. Por ese desmoronamiento del mito, del icono, de ese semidios que suele ser el abuelo.

Me voy con la satisfacción de siempre por haberte leído y con un regusto triste.

Un abrazo.

Nicolás Jarque dijo...

Araceli, desgarrador relato y tierno a la vez. Ese abuelo que tanto tiene que enseñar y que por culpa de la puñetera enfermedad cambia y se va. Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Genial la elección del lenguaje y la estructura del micro.

Me gustó mucho.

Abrazos.

Enrique dijo...

No podemos saber en que momento saldrá "eso", el ser que también puede ser mezquino, torcido y vengativo, que olvida la gentileza y es capaz de sonreír ante la desgracia del ser amado.
Un giro magistral atrapado con tres palabras, las últimas, que hacen de este micro una lección enorme de humanidad.

Elysa dijo...

Muy buen título y un micro brutal. Y lo es por como rompe ese mito del abuelo como referente y como una enfermedad tan devastadora puede mostrar la imagen completa de nosotros. Muy bueno.

Besitos

Juan Yanes dijo...

Son así, los puñeteros... Haces lo que quieres con nostros. Besos

Flavia Company dijo...

Esa capacidad tuya para detectar lo monstruoso que se esconde en lo bello, esa manera de expresar contrastes y contradicciones, siempre me entusiasma y me asombra.

NáN dijo...

Ternura, destrucción y mezquindad.

Todo llevado en sus tiempos exactos.

Enhorabuena.

Miguel Baquero dijo...

Todos somos humanos y aunque luchemos por ser sabios y comprensivos no podemos evitar que nos asome nuestro lado rastrero, como es consolarse con no estar solo en la desgracia, que también le pase a otro

manuespada dijo...

Desmontando mitos, muy bien, ni todos los abuelos son entrañables ni tienen por qué serlo, el final hila a la perfección con el título. Hay abuelos muy mezquinos, he conocido a algunos, no muchos, afortunadamente. Besos.

Ximens dijo...

" bonhomía a proporciones áureas": me supera esta frase. El relato es duro, me despista esa doble personalidad del abuelo, expresa con la parte final. Desde luego hace pensar el texto. Solo al ver el comentario de Pedro acepto que olvidé el título, y todo encaja. Ese ídolo que soflama la niñez.

Gemma dijo...

Pues yo sigo viendo a ese abuelo tuyo (de tu pieza, se entiende) tan humano como al comienzo. ¿Cómo no alegrarse tras descubrir que, con su partida, no va a tener que abandonar a la abuela, dejándola desamparada; al saberse acompañado precisamente en ese instante en que tanto lo necesitan (ambos)?
Un abrazo

Rosa dijo...

Tarde o temprano descubrimos que todos tenemos pies de barro, incluso los abuelos y que somos capaces de todo lo bueno y a veces de lo malo...
Muy buen micro.

Besos desde el aire

Lo Siento por Interrumpir dijo...

Cómo me alegro de haber tropezado con tu blog. Me encantó la historia, me gustó cómo desmontaste al abuelo. Me gustan las historias que no están completas hasta el final.

Un abrazo.

Isabel dijo...

Ya te han dicho todo lo que pienso.
Sólo añadir que quizás se prometieron irse los dos y se han evitado el veneno o los somníferos.

Es muy bueno, da gusto leerte.

Besos

Rosana dijo...

Yo estoy de acuerdo con Gemma. En lo contradictorio, en el miedo está lo humano. Somos así tal cual, no somos pura bondad de proporciones aúreas.


Abrazo

Odys 2.0 dijo...

Esto debe ser lo que llaman el retorcimiento perverso de la empatía :-)