miércoles, 29 de febrero de 2012

UN CARAMELO DE MENTA

-Espera un poco, todavía no te vayas, déjame buscar un caramelo de menta.
Introduzco la mano derecha en el bolso y mis dedos identifican las llaves de casa, pasan al bloqueador de emociones, siguen un poco a la izquierda para palpar la cajita de polvo de ángel. Tropiezan con el reloj parado en la hora maldita, rozan el potenciador de asombro, los guantes para acariciarse en soledad, el invocador de ausencias. Sigue la búsqueda ruidosa, el cascabeleo sordo de los objetos, paseo por todo lo que me sostiene, como el medidor de stress oxidativo, la colección de instantes, y solo al final del recorrido, al fondo de ese bolso sin fondo, el caramelo de menta contra el olvido.

19 comentarios:

Reyes dijo...

Madre de Dios,qué maravilla.
Me quedo con el medidos de estrés y el polvo de ángel.
Y para que lo sepas,en mi seudo poema de hoy hablo de chicles del olvido,que ésos los he tenido que usar mucho yo.
Estamos conectadas.
Un beso,artista.

AGUS dijo...

El bolso como refugio de ausencias, como una caja de Pandora. Genial.

Abrazos.

Alejo Z. dijo...

Araceli, esto que creaste no es más que la letra de una canción; es brillante.
Un abrazo

Puck dijo...

Me has dejado sin palabras, espera, voy a buscarlas en el bolsillo, no las encuentro...mmm... dame uno de esos caramelos de menta
Es preciosos!!!!! Desde el título, sencillo y aparentemente inocuo a ese desarrollo, esa búsqueda, esos detalles, ese olvido... Genial. Me voy impresionada, de verdad. Felicidades por este micro.
saludillos

Nicolás Jarque dijo...

Me ha gustado el contenido de ese bolso, en el que todos sus objetos no son de compra fácil en establecimientos habituales. Aunque despierta soledad el micro, se cuenta de tal forma, que al final no queda esa sensación tan agobiante que debe ser la ausencia de compañía.

Me gustó.

Saludos.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Araceli, logras con este micro que seamos capaces no ya de ver, sino de necesitar, todos esos objetos que harían de nuestras vidas un camino menos arduo.

El potenciador de asombros, el invocador de ausencias, los guantes para acariciarse... Podría repetirlos todos.

Esta pieza es una joya.

Un abrazo admirado.

Enrique dijo...

Genial invención de aparejos, inventario también de la memoria. Una frase que de golpe los engarza, los reconoce como herramientas que nos sostienen.
Síntesis brillante.

manuespada dijo...

Me encantan las cosas que tiene ese bolso, dicen que el bolso de las mujeres es una caja de sorpresas, pero en este caso es una colección de fantasías. Los caramalos contra el olvido... Se me ha olvidado dónde los venden. Un abrazo.

Miguel de Esponera dijo...

Entre tanto prodigio, al final, lo más sublime: el caramelo de menta. Magnífico bolso, magnífica entrada.

Lola Sanabria dijo...

¡Qué hermoso texto! ¡Qué bello final! Yo también quiero tener caramelos de menta contra el olvido. Una delicia.

Mil abrazos.

Raúl dijo...

Un relato muy, muy preciso, Araceli.

Rosa dijo...

Gracias por este regalo. Precioso bolso...Si te sobra un caramelo...

Besos desde el aire

Elysa dijo...

Estos caramelos de menta contra el olvido no deberían faltar en ningún bolso o bolsillo.
Pero también me gustaría: la colección de instantes y...

Hermoso me parece poco para este micro.

Besitos

Isabel dijo...

¡Ohhh! Yo quiero un bolso como ese.

Precioso.

Un abrazo.

Juan Yanes dijo...

Qué delicia de cuento y de bolso. Es que las mujeres llevais media vida metida dentro de esa bolsa, saco, alforja, caja de sorpresas.

hugo dijo...

Hola Araceli. Neruda llamaba al bolso o cartera de mujer "el perdedero". Un abrazo.

Elena Casero dijo...

He leído el relato un par de veces porque me parece hermoso. Un bolso, grande como el corazón, capaz de contener tantas cosas.

Un abrazo

Olga Bernad dijo...

Con todos los porsiacasos que llevamos en el bolso... también es casualidad que el caramelo de menta contra el olvido esté siempre en el fondo;-)

Cómetelo despacio.
Abrazos.

Odys 2.0 dijo...

En el bolso de una mujer se encuentran el Alpha, el Omega y todo lo que hay mediante, excepto, quizá, el secreto de la felicidad, y no siempre.