martes, 18 de octubre de 2011

TERRITORIO DE FICCIÓN

Todos los relatos que J. escribía empezaron a formar parte de sus vivencias, quedaban almacenados en el mismo lugar que los hechos acontecidos, engrosaban y a veces suplantaban la memoria real. Al principio fue sólo eso, pero después empezó a añadir detalles, falsos recuerdos nuevos se sumaban a lo narrado en sus historias. Si el relato transcurría en un barrio de París, él recordaba paseos por calles que sus narraciones no mencionaban, encuentros con personas que pertenecían al grupo de amistades del protagonista, totalmente desconocidas para el lector. Así fue como fue creando una vida paralela en sus escritos, entre los que se encontraba mucho más cómodo que en la previsible no-ficción.
Un día dejó de aparecer por los lugares en los que solíamos encontrarnos todos, de responder a las llamadas de teléfono y a los mensajes de sus amigos. Y siendo las caminatas por el barrio sus más atrevidos desplazamientos, enseguida descartamos un viaje imprevisto. Simplemente se había volatilizado.
No supe de él hasta años más tarde. La vida le había ido bien, si es que dedicarse al arte y ganar mucho dinero supone alcanzar lo que algunos llaman felicidad. Pero ese éxito no se reflejaba en sus pensamientos, a menudo teñidos de una nostalgia amarga por aquella antigua bohemia de París, por los amores pasados, por una época en la que pactar con el sistema no se planteaba siquiera como posibilidad.
Pero debo reconocer, más allá de cualquier otra consideración , que tampoco me sorprendió demasiado el hecho de encontrarlo de protagonista en un libro de Houellebecq.

12 comentarios:

Nicolás Jarque dijo...

A veces los artistas se involucran tanto en sus obras que acaban enloqueciendo. Dicen que eso son los genios, otros no.
Me gustó este relato entre lo mágico y lo real.
Un saludo.

Rocío Romero dijo...

Estupendo Araceli,
ese entrar y salir de los textos es un tema clásico pero el enfoque -para mí- es completamente nuevo. Generalmente toman vida los personajes, pero este autor con detalles tan reales y a la vez tan literarios... me encantó :)
Besos

Ximens dijo...

Este relato refleja en principio un mitómano que acaba creyendo sus propias mentiras. Me recuerda o hace pensar en la imaginación de los niños durante los juegos, viven y se creen el héroe. También, claro está, el infeliz de este mundo que se crea el propio virtual. El final de este relato también me induce a que el narrador protagonista se esté creyendo que no es un personaje de la novela Houellebecq. Por todo ello, y por estar muy bien narrado, aplaudo.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Me gusta esa idea de verse sumergido en la ficción "perfecta" que nace de la creatividad desmedida.

Me quedo rumiando la idea.

Un saludo,

Elysa dijo...

Muy bien escrito con las palabras precisas.
Alguien que se siente más cómodo arañando recuerdos ficticios es normal que termine como protagonista de un libro de Houellebecq.

Besitos

Juan Yanes dijo...

¿Convertido en una partícula elemental que sólo va de su casa al supermercado y del supermercado a su casa? Un abrazo.

Humberto Dib dijo...

Una hermosa pieza de metaescritura, así quedamos perdidos entre personajes, narradores y escritores,
Besos.
HD

Ricardo Miñana dijo...

Muchas veces las narrativas llegan desde una realidad de la vida.
que tengas un feliz fin de semana.
un abrazo.

NáN dijo...

Real --- Inventador --- Vividor en la realidad inventada --- Personaje de un libro de autoficción repleto de falsos personajes reales.

Esta pirueta es digna de la Prima Ballerina del Bolshoi.

Reyes dijo...

No sé cómo lo haces pero me encanta siempre todo lo que escribes.
Harás alguna vez un post flojo??

...
Aplausos con lluvia.
(yo quiero ser un personaje feliz, a ver en qué novela pido asilo).

manuespada dijo...

Un paseo fantástico por el filo de lo real y lo ficticio, por las fronteras de la creatividad, como si fueran una nebulosa. Estupendo texto, muy conseguido.

Raúl dijo...

A lo mejor es que una cosa llevaba inevitablemente a la otra. Se empieza paseando por Paris y...