jueves, 31 de marzo de 2011

LOS AMOS DEL TRAPECIO

                 Trapecistas en el Raval de Barcelona

 En el circo Grusiev todos hablaban del extraordinario aplomo de los gemelos Kee, los amos del trapecio. Noche tras noche, sin red ni arneses que los protegieran de la succión del vacío, se descolgaban ante un público que observaba incrédulo sus deliciosas evoluciones pendulares. Las expresiones de alivio del público cada vezque concluía una pirueta, resquebrajaban el silencio que cuajaba el aire de la carpa. Así, colgado de la barra por los empeines, Anisiev recibía entre las suyas, las manos huesudas de Karl después de que éste hubiera realizado un doble ful, en helice. El magnesio con el que se frotaban dibujaba ligeras nubes de polvo huidizo. Era tan exacto el número que ejecutaban a diario en el trapecio, que se diría que se trataba más bien de una misma proyección holográfica. Acostumbrados a esa compenetración celular nacida en el vientre de su madre, se entregaban el uno al otro en un baile solidario que provenía de un ya lejano pacto embrionario.
Así fue durante años. Hasta el instante en el que la madre,  a miles de kilómetros de distancia de sus hijos, sintió un repentino y definitivo dolor en el pecho. Anisiev, que en ese momento cruzaba el aire, llegó a las manos de Karl dos fatales segundos tarde.

27 comentarios:

Lola Sanabria dijo...

Queda pues, demostrado, el tremendo poder que tiene la madre, aun antes de nacer.

Me gustó mucho.

Besos de atardecer.

Miguel Baquero dijo...

Precioso, y muy muy gráfico y muy literario lo del polvo de magnesio flotando en el aire

Anna Jorba Ricart dijo...

Muy buena entrada... a veces las cosas que se repiten a la perfección, son tambien muy fragiles como el ser humano...Intuición de madre, intuición de mujer.
Un saludo.

Rocío Romero dijo...

Qué bueno Araceli, lo que son dos segundos... Me ha gustado especialmente la descripción del espectáculo y la metáfora de la proyección holográfica. Y la única peguita que te pongo (por añadir algo a lo comentado :-) es que se te ha escapado un espacio en "cada vezque" al final de la séptima línea. Hale, para que veas que te leo con atención, jeje.
Besos nocturnos

manuespada dijo...

Me ha gustado mucho, pero me quedo con esta frase: "El magnesio con el que se frotaban dibujaba ligeras nubes de polvo huidizo". Esto es Literatura, fijarse en los detalles y describirlos de esta manera tan bella, tan magistral.

AGUS dijo...

Sin duda, es un texto magnífico, construido con un lenguaje sutil y exquisito. Resuelto de una manera genial.

Abrazos.

R.A. dijo...

Como te dice Manu construido sobre imágenes muy visuales y muy líricas(yo siempre descubro en tus textos la poesía) y perfectamente resuelto con ese quiebro de la sintonía entre hermanos al morir la madre. Como si fuera el cemento de esa relación.
Y siempre la muerte como personaje aleteando en muchos de tus micros.

Un abrazo

Ricardo Bada dijo...

Este cuento está muy bien escrito pero tú misms sabes, Araceli, que los tienes mejores. A este, en mi opinión, se resiente un poco de lo que es inevitable desde el primer párrafo, y es que se le adivina el final. Eso, sin embargo, no importa en cuanto a la bondad de su escritura. Pero en otro orden de cosas, en lo formal, y para mi gusto, estos microrrelatos pierden mucho cuando se editan en el formato Bloque: es un formato que produce desastres estéticos como las líneas 8, 13 y 21 de este cuento, que le quitarían a uno las "ganas visuales" de seguir leyendo.

Araceli Esteves dijo...

LOLA, una madre nunca acaba de desconectar de lo que pase a los hijos. El camino inverso no es tan habitual.

Gracias MIGUEL, esa imagen que mencionas estuvo presente todo el tiempo mientras lo escribía.

ANNA, todos estamos hechos de fragilidades.

Gracias, ROCíO, ya lo he corregido.

MANU, me alegro de que te quedaras con esa frase. Como le he comentado a MIGUEL, la ímagen la tenía en la cabeza todo el tiempo.

AGUS, es un placer verte por aquí y disfrutar de tus amables comentarios.

R.A. es cierto, la muerte está presente en muchos de mis relatos y mis poemas. Me pasa desde niña.

RICARDO, has tocado un tema que me tiene frita. Use el formato que use, al final siempre me quedan frases cortadas en medio del texto. Debe ser que hay algo que hago mal. Para que lo veas, voy a cambiarlo.

Araceli Esteves dijo...

RICARDO, lo ves, si es que no hay manera...

Ricardo Bada dijo...

Araceli, en el último párrafo ya lo lograste, seguro que no has copiado y pegado bien el 100% del texto o que tu ordenata te obliga a copiar y pegar párrafo a párrafo (que hijueputa, si fuera así), pero seguro que lo vas a conseguir al final. Dale duro y parejo. Vale.

R.A. dijo...

Lo que te dice Ricardo me pasa a mí en el blog también. Me joroba a menudo el formato del texto y da una rabia...


Por otro lado, independientemente de que tengas textos mejores que este, a mí qu eel final se adivine en un micro no me parece que tenga que ser mala cosa. No es obligatorio en un microrrelato que toda la gracia este en el final y que siempre tenga que tener giro de tuerca. Si no todos los micros parecerían hechos con un molde.
Un saludo

BB dijo...

Araceli, yo no entiendo de formas, de giros, de todas esas cosas que dicen ser necesarias para lograr algo bien escrito, bien estructurado. Yo percibo únicamente tu hermosa palabra, que me toca, que me llega, como todo cuanto escribes, querida amiga.
Un abrazo
BB

Araceli Esteves dijo...

R.A. Ni yo misma sé cuando un micro resulta o no, si parece previsible o no, a veces me sorprendo con la gran acogida que reciben algunos que a mí me resultan flojillos, y otros que creo más logrados pasan más despercibidos. Es parte de la gracia, supongo.

BB, menudo piropo, eso es lo mejor que pueden decir de lo que escribo: que toca. Un abrazo agradecido.

R.A. dijo...

Jo a mí me pasa lo mismo Araceli, lo mismo el que me ha mí me gusta y me siento satisfecha no gusta o no se entiende y otro que me parece flojillo triunfa...eso ya son misterios que no están en nuestras manos. Lo que quería decir es que a mí este micro me ha gustado y para mí su valor no está en la sorpresa ni giro asombroso, su valor es de principio a fin.
Un abrazo

Propílogo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Propílogo dijo...

Amí, como a todos, me gustan los micros con un final sorprendente, un giro, un golpe. Pero me gustán más aquellos en los que se ve que el texto no es únicamente ,resultado de una ocurrencia ingeniosa. Me hacen sonreír los detalles de calidad que hacen de un texto un pequeño placer de relectura: la succión (asesina y activa) del vacío, colgado por los empeines (esto obliga a imaginar los pies, los empeines...), las nubes de polvo huidizo, el pacto empbrionario, el baile solidario...
Todo eso construye una atmósfera entre visual y elíptica, que hace que el micro sea bueno, para mi gusto.
Respecto al formato, es posible que el problema venga de alternar la escritura entre "Edición de html" y "Redactar". Te recomiendo que vayas a Configuración, Formato; y allí abajo "Plantilla de entrada. Puedes pegar un código para que el formato de todas las entradas sea el mismo, de modo que al crear una entrada que previamente has escrito en Word, sólo tengas que pegarla. Igual ya lo haces, igual todo lo que te estoy diciendo sobra, pero igual no.

He intentado mandarte el código que yo uso, pero no me deja. Te lo mando por mail.
Abrazo
Gabriel

Araceli Esteves dijo...

Muchas gracias, PROPÍLOGO, en el próximo relato intentaré lo que me aconsejas. Debo reconocer que soy bastante pardilla en la materia.

Antonio de Castro dijo...

Es terrorifico, y no es por buscar referencias cinematograficas, pero me recuerda inevitablemente a las peliculas de Tod Browning: seguro que a el le habria gustado mucho.

Araceli Esteves dijo...

Me encanta la asociación, ANTONIO. Un abrazo

Gemma dijo...

Dos fatales segundos son capaces de trastocarlo todo, qué duda cabe.
De que el más mínimo desajuste temporal puede llegar a quebrar la armonía más sólida tampoco tengo dudas.
Tu micro, como siempre, excelente.
Besos, Araceli

Celsa Muñiz dijo...

Yo estoy convencida de que existe esa "campanilla" materna dentro de nosotros. La madre, por supuesto, tiene otra, del tamaño de las de los campanarios de las catedrales, que la tienen al tanto de lo que les ocurre a sus retoños (aunque estén ya otoñales).
Un abrazo.

Olga Bernad dijo...

Todo depende de unas delicadas estructuras: el relato, el trapecio, la vida. Un segundo a destiempo y se desmorona algo fundamental. El pecho de la madre se agita.
Qué buen cuento.

muerte roja dijo...

Creo firmemente en lo que cuentas, simplemente porque lo he vivido junto a una persona muy cercana.
La historia es magistral.

PD: Año cero me ha dejado en choc.
Brillante, magistral :)

Araceli Esteves dijo...

GEMMA, es lo que pasa con las cosas tan pulcramente ejecutadas, que están demasiado expuestas a que algo las perturbe y el desenlace sea fatal.

Sí, CELSA, una vez leí a una madre que decía que cuando tienes un hijo ya tienes que acostumbrarte a tener el corazón vagando fuera de tu cuerpo. siempre allá donde és éste.


Gracias, OLGA, el desmoronamiento puede producirse en las ejecuciones más perfectas.Nos olvidamos a menudo de esa fragilidad...

M.R. ¿ has leído hasta EL AÑO CERO? Vaya, creo que nadie lee tantas entradas en una primera visita. Me alegro de que te gustara.

NáN dijo...

Bueno, pues yo no estoy de acuerdo con muchos de los comentaristas. Me encantan los cuentos bien escritos que me dicen algo: y no me importa que "se la jueguen" a un final sorprendente (en realidad, "repudio" muchos cuentos porque se nota ese McGuffin de que el único objetivo es sorprender), o que cuenten algo cuyo final se adivine.

El cuento es una preciosidad por la descripción, por lo que cuenta. Pero me ha causado, por debajo, un sentimiento o sensación más potente. Como si fuera una metáfora de lo que nos pasa a todos, aunque no seamos trapecistas: una unión perfecta que se "escaralla" por una sola vez que se produce un retraso o adelanto. Y que esto está causado por una "tercera persona". Y no estoy pensando en una relación de amor con la infidelidad por un tercero. A lo mejor, basta que uno haya leído un poema, o haya visto algo, que lo trastoque. En el encuentro siguiente, esa carga que lleva desajusta el contacto: y las consecuencias de un breve primer desajuste pueden tener, o no, resultados fatales.

Es decir, me parece que en el cuento hablas de mí, del que lo lee.

Araceli Esteves dijo...

Vaya, NÁN, tu comentario me ha emocionado de verdad. Hasta me parece que me ha entrado una mota de algo en el ojo. Bueno, en los dos.