viernes, 24 de septiembre de 2010

DEL QUE IGNORÓ UN CASTIGO DIVINO


Cansado de escuchar los infortunios del más enamoradizo de los dioses pequeños, Zeus, enfermo de poder y malicia, le condenó a contar todos los granos de arena de la playa de s´Amador. Transcurridos varios años humanos, al menor de los dioses le quedaba en la mano un discreto puñado por contar. Ese tarde, un cielo salpicado de melocotón maduro, se dispuso a espejarse en el plumaje de un pájaro, que peinaba, con aleteo inquieto, la espuma rizada del mar. El dios diminuto, el único que abominaba de su condición divina, apretó la arena dentro de su puño y levantó la vista extasiado, dispuesto a respirar cada átomo de aquel atardecer. Con las últimas pinceladas de luz atrapadas en sus ojos, lentamente abrió su puño.

18 comentarios:

Pablo Gonz dijo...

Me vuelve a llamar la atención la riqueza de tu prosa: en imágenes, en sonoridad o ritmo, en palabras... Pero tengo una observación de detalle: la palabra "átomo" me parece fuera de contexto.
Un admirado abrazo,
PABLO GONZ

manuespada dijo...

Como dice Pablo, una prosa muy rica, estoy dándole vueltas aún al tema del dios que no quería ser dios.

Antonio de Castro dijo...

Yo le doy vueltas al final, a si el dios diminuto va a ser castigado por haber renunciado en el ultimo momento a la tarea encomendada, o si ahi es cuando se libera definitivamente de su condicion de dios, extasiado ante la belleza del atardecer.
Un saludo.

Jesus Esnaola dijo...

Hermoso, rico, sugerente, casi todo ha sido dicho. Yo, sin saber explicarte muy bien el porqué, creo que desea volver a empezar. Tal vez su forma de sentirse humano es ser castigado por Zeus porque, no nos engañemos, un dios es un dios, por poco que le guste.

Un abrazo.

Miguel Baquero dijo...

Los dioses diminutos, será, seguramente, los que mejor sepan apreciar las pequeñas cosas

Araceli Esteves dijo...

Gracias, PABLO, le he estado dando vueltas a eso del átomo para buscarle una mejor solución, pero no la encuentro. Te agradezco mucho el comentario.

MANU, un dios que no quiere ser dios, pero que además es un dios menor, a las órdenes del otro dios con más poder. ¿ No te resulta familiar?

Araceli Esteves dijo...

ANTONIO, ese dios se humaniza como forma de rebeldía.

JESÚS, para ser dios pero formar parte de una jerarquía, más le vale ser humano.

MIGUEL, los dioses diminutos son unos pringados, pero vamos a ver cómo le va de humano.

Francesc Cornadó dijo...

Muy buen relato. Enhorabuena.

Diminutos o gordos, los dioses son inclementes, gastan mala baba.

Salud


Francesc Cornadó

Araceli Esteves dijo...

Bienvenido Francesc. Los dioses están locos, que decía aquel.

Reyes dijo...

Si yo fuera Diosa, haría lo mismo .
Dejar que el viento haga su trabajo .
Qué bien lo cuentas, chiquilla.
Besos, Ara.

BB dijo...

¿Cómo no claudicar ante los destellos de un atardecer irrepetible? Ser un dios, sin mando, ni jurisdicción, para qué?
Besos
BB

Araceli Esteves dijo...

REYES, BB, mucho mejor que ser dios, es ser parte del atardecer.
Besos a las dos.

Isabel dijo...

Un texto que enamora porque trasciende desde lo más ínfimo: átomo, grano de arena, hasta lo más sublime: una puesta de sol de piel de melocotón, me encanta el símil.
Y ese dios que se abandona y entrega ante tanta belleza.

Un placer leerte.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

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NáN dijo...

Grande el Diminuto. Tierna la abominación. Cercana la escritora.

Txell Sales dijo...

És clar. És cíclic, no s'acaba mai.

Raúl dijo...

Yo siempre lo he dicho: que le den por culo a Zeus y a sus castigos.

Araceli Esteves dijo...

TXELL, suposo que hi ha un moment en el que tornar a començar deixa de ser un càstig.

RAÚL, desde luego que sí.