lunes, 15 de marzo de 2010

MARÍA


María era una mujer resistente, acostumbrada a cargar desde siempre con males propios y ajenos. Pero últimamente sufría de unos molestos y persistentes dolores. Los tenía por todo el cuerpo, le pinchaban como aguijones, y era fácil verla moviendo las manos por las piernas como si sacudiera astillas imaginarias.
Fue de consulta en consulta, visitó a médicos homeópatas y alópatas, kinesiólogos y acupuntores. Nadie supo encontrar el origen de tan extraña dolencia.
Hasta que la visitó un médico viejo, que ya había pasado de largo la edad de jubilación. Le tomó el pulso y la auscultó con mucho cuidado, deteniéndose varios minutos en algunos puntos de su cuerpo. Después de frotar sus manos para calentarlas, y mientras la pobre María estrangulaba muecas de dolor, fue presionando sobre su vientre y su costado.
El diagnóstico la dejó perpleja. Lo único que tenía eran lágrimas cristalizadas que habían quedado clavadas por todo el cuerpo. Y eran muchísimas. Todas aquellas que nunca se había permitido llorar.

21 comentarios:

Isabel dijo...

Astillas imaginarias que resultaron ser lágrimas cristalizadas.
¡Sorprendente, poético y profundo!

Felicidades

Anónimo dijo...

El anciano médico sabía que la vida y sus avatares duelen y se encallan, su ojo clínico supo más rápidamente que su ciencia dónde radicaba el mal.
Dicho tan poéticamente como lo has hecho es un don.

Un saludo. R.C.

BB dijo...

Qué hermoso y poético tu relato de ese mal, padecido por tantos, que no sabemos cómo llorar...
Un beso
BB

Antonio de Castro dijo...

A veces es sorprendente lo que pueden llevar por dentro las personas aparentemente más fuertes. El relato es una (otra) pequeña joya: duro, preciso y sensible. Las cuatro últimas frases transmiten una sensación de consuelo, y producen admiración mientras se leen.
Un saludo

Sinuosa dijo...

"Lágrimas cristalizadas". Una forma muy bella de describir las somatizaciones.
Precioso, Araceli.
Un beso.

MANUEL IGLESIAS dijo...

Precioso y sugerente. Vi el titulo y ya me predisponia a pensar en su marido, José; me precipité. Un saludo

Miguel Baquero dijo...

Genial. Y más genial todavía que la cura fuera gracias a un médico viejo, de métodos tan antiguos.

Todo se junta: la poesía del mal y la poesía de la cura. Me ha parecido un cuento magistral

Gemma dijo...

A mí tu micro sí que me parece curativo. (No resulta fácil impedir que la vida se te clave a veces.) Besos

strongboli dijo...

Alsa, ARA, qué maco (i trist). Pero no se qué me da que en la continuación del relato el médico le da la solución para derretir las lágrimas cristalizadas...

Terapia de piso dijo...

Cuánto duelen las lágrimas no lloradas.

Saludos, Araceli.

José Roberto Coppola

Jaht dijo...

¿Y hay algún remedio para ese mal?. ¿Se puede llorar todo lo que no se ha llorado?.
Presumo que una solución para María, no sé si la única, sería arrancarse cada lágrima y lanzarlas sobre los males venideros.¿Pero tendrá fuerzas para soportar el desgarro de las que cristalizaron en su memoria?

Raúl dijo...

Ya me imagino el tratamiento.

Hank dijo...

Yo no soy María, soy Ginés, género masculino, y puede que mis dolores sean de un origen similar.

Apunta Raúl que imagina el tratamiento. ¿Cuál sería: llorar hasta quedarme seco?

manuespada dijo...

Muy poético. Si es que lo mejor es echarlo todo fuera, como dicen las abuelas. Eso no le pasaba a la Magdalena.

Flavia Company dijo...

Me gusta que el médico que se da cuenta de lo que le ocurre sea viejo... claro... me encanta ese personaje.

savi dijo...

llorar es un placer reservado sólo para aquellas personas que están vivas.

NáN dijo...

Tiene tantas cosas, este micro. Estoy con Flavia, por ejemplo: en una línea dices mucho sobre eso. Pero también la idea de las lágrimas cristalizadas es brillante.

¿Qué se puede hacer? Creo que poco. Acostumbrarse. Los que tenemos ya nuestros años, pensamos que un día con solo molestias es un día estupendo. Saber que lo bueno sigue ahí fuera (la cabeza la considero "fuera") aunque tengas un flemón.

Araceli Esteves dijo...

ISABEL, todos guardamos alguna que otra, de astilla. Otra cosa es que seamos consciente de ellas.
R.C. Hay cosas que sólo alguien de cierta edad es capaz de descifrar.
BB, es cierto, llorar a veces cuesta demasiado.
ANOTINO, la fortaleza a veces esconde la más triste de las debilidades.
SINUOSA, yo soy la reina de las somatizaciones, y mi hija, la pobre, ya es la princesa.
REYES, en las escuelas deberían enseñar estas cosas: que los sentimientos son buenos, que llorar ayuda, que todo lo que no sale, se queda dentro y duele más.
Gracias MIGUEL, ya sabes cuánto aprecio tus valoraciones.

Araceli Esteves dijo...

GEMMA, un micro curativo, eso sería fantástico. ¿ Te imaginas?
Se va usted a tomar un micro de Gemma Pellicer cada ocho horas durante una semana.
TERAPIA...y tanto que duelen, y mucho.
JAHT, yo creo que para las lágrimas que cristalizaron se necesita recibir un buen masaje, que las diluya para que consigan salir.
RAÚL, Igual la pobre empieza a llorar y ya no para.

Araceli Esteves dijo...

HANK, las lágrimas cristalizadas no creo que se puedan llorar. En todo caso tal vez evitar que cristalicen otras.
MANU, grandes sabias esas abuelas...
FLAVIA, donde esté un médico de la vieja escuela, que se quiten los estirados de nueva hornada.
SAVI, gran verdad, amigo savi.
NáN, podríamos empezar por darnos permiso para muchas más cosas, entre otras para llorar.
Muchas gracias a todos.

Isabel González dijo...

lagrimas inquestadas y purulentas, si no se cogen a tiempo se generaliza la infección y el dolor se cronifica, la languidez permanente. Me gustó muchísimo. Enhorabuena.