domingo, 22 de enero de 2012
LETRAS DÍSCOLAS
lunes, 16 de enero de 2012
ANTOLOGÍA MICRORRELATOS 2011 DE LA INTERNACIONAL MICROCUENTISTA
Alguien decidió que uno de mis microrrelatos formara parte de esta antología. Hay que ver lo poco que necesitamos a veces para ser felices. Basta con que nos reúnan a unos cuantos amigos de lo mínimo en una antología, para que ya estemos dando saltitos como pingüinos.
martes, 10 de enero de 2012
DESCONCERTANTE SIMETRÍA
Acabaron aceptándome como su novia pese a no pertenecer a su banda. Decía que me amaba, y lo hacía con desaforada vehemencia. Conmemoraba en mí los exagerados cuidados que había recibido de su abuela, que intentó suplir el cariño esmirriado de una madre adicta a todo menos al amor filial. Yo correspondía en la medida que era capaz, que era poca, a aquella entrega desmesurada, y recibía extrañada aquel aluvión de halagos con los que acompañaba sus promesas de amor fértil y eterno.
Era tanta la pasión, tan intensa la emoción que le procuraba yo, me confesó una noche tras desnudarme, que sólo se atrevía a compararla con aquello que había sentido tantos años atrás, aquella primera vez, el día que sus dedos de niño apretaron el gatillo de un revolver para disparar a bocajarro a su primera víctima.
domingo, 1 de enero de 2012
LA FIESTA DE AÑO NUEVO
Las uvas (algunas peladas) estaban listas en los platitos, los invitados, entregados a la previsible alteración anímica de fin de año, sostenían las bolsas de cotillón abiertas, ya medio vacías. Había nevado confeti y en el suelo rodaban los rizos deformes y gastados de las serpentinas. Ramón, tan cumplidor e infalible, tan de aparecer con el trabajo hecho, llegó con la suegra muerta.
QUE EL 2012 LLEGUE TRUFADO DE PEQUEÑOS CAMBIOS O GRANDES SORPRESAS PARA QUE TODOS LOS DÍAS NO SE PAREZCAN DEMASIADO.
OS DESEO GRANDES DOSIS DE CREATIVIDAD, EL MEJOR ANTÍDOTO PARA CASI TODO MAL.
domingo, 25 de diciembre de 2011
YO TAMBIÉN ME AUTOEPITAFIO
Como hija intermedia, he sido huidizo contenido de sándwich. Parí a los dos hijos que me eligieron ( fueron ellos) como su primer lecho. He dormido y me he rascado bastante. Durante años disfruté del desorden, hasta que descubrí lo relajante que me resulta el caos domesticado . El mundo me ha parecido mucho más bello reflejado en la cambiante superficie de los charcos, sobre los que me he contorsionado buscando la mejor luz, la inevitable fisura. He sufrido y gozado de segundos que resultaron eternos y caminado por innumerables caminos equivocados, sin cuyo tránsito no hubiera rozado el paraíso. Aprendí que el tiempo es sólo un estado de ánimo.Del cuerpo de mi madre hasta este presente ceniza, tal vez he sido sólo una gota que se precipita.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
LAS HORAS SIN ÉL
Hoy desenterraré a Eduardo. Cavaré en el jardín hasta que mis uñas ennegrezcan y sangren mis dedos. Quiero ver sus restos, si los gusanos se han comido la carne que tanto amé. Me quema el deseo de ver sus huesos inertes, su sexo ausente, pulverizado.
Necesito comprobar que ya no huele a cobijo desleal, que no hay peligro escondido en las cuencas vacías que contuvieron sus ojos. Nada quedará de su mirada sicalíptica, de aquella poesía de amor corrosivo.
No imagino mejor tarea para hoy, que he amanecido extraviada, llena de la ausencia de mi verdugo, con un dolor plúmbeo que aumenta el peso del aire. Algo habrá, me digo, que me libere de esta oquedad infértil.
Y mientras araño la tierra, miro temerosa hacia la puerta entreabierta de la cocina. Confío en oír el timbre del teléfono desde el jardín. Si suena. Si hoy llama.
viernes, 2 de diciembre de 2011
LA ÚLTIMA LUNA
Estoy tumbado boca arriba. Nubes como algodones ahumados pasan veloces sobre ( o tal vez sea bajo) la luna llena. Les siguen otras más limpias, vaporosas y sin tizne, que se adaptan, se acoplan unos instantes al potente círculo de luz que da sentido a sus formas. Ahora la luna parece el ombligo de un niño, después el diamante del collar de una cantante de ópera gorda, el ojo abierto de una ballena, el pezón de una matrona, el dedo encendido de ET que señala uno de mis ojos. Lo hace mientras alguien lo rodea con sus dedos y estira para que quede abierto. Es la misma mano la que en este momento me baja las persianas de ambos ojos. La luz redonda del astro se proyecta, saltarina, contra la pantalla roja de mis párpados. Después se apaga. Todo.
viernes, 18 de noviembre de 2011
PROBLEMAS ESCOLARES
Hoy he hablado con el profesor de “Tolerancia a la frustración” de mi hijo, parece que la mejora es notoria y progresa adecuadamente, me ha dicho. No pudo decir lo mismo la srta. Marta, la siempre tan amable profesora de “Formas de amar”, que me advirtió que si no conseguía aprobar el tercer tema: “Cuando digo no, quiero decir no”, sería difícil que la asignatura no le quedara para septiembre. En “Dietética”, sobresaliente, ya estrangula arcadas cuando pasamos por delante de un Mac Donald.
En “ Desarrollo de la actitud revolucionaria” mi Luismi saca notables, ya nos cuestiona la autoridad, y con mucho fundamento, a su padre y a mí. En “Escucha emocional” aprueba justito, pero aprueba. Las notas de “ El dinero y otras drogas” han mejorado de forma sustancial desde que le apunté a las clases extraescolares de “Bolsillos vacíos”. Pero en lo que dudo que apruebe es en “Técnicas de recuperación sensorial”. No consigo que recobre el tacto en los dedos, que consiga reconocer texturas, que acaricie al gato después de tantos años de golpear con frenética pericia teclas y pantallas. Y es que la era post-capitalista, el mundo post-estúpido, tampoco les está resultando tan fácil a los niños. Pobres.
( en la foto el director del colegio)
miércoles, 9 de noviembre de 2011
LAS MUÑECAS DE MARTITA
Le gusta mucho peinarlas, les pone colonia y las cuida con mimo. Su madre les hace vestiditos de vivos colores y ella las coloca sentadas como si tomaran el té. A veces les sirve sopita que prepara con agua, tierra y pétalos de margarita. Cada una tiene su nombre, con el que a menudo las regaña. Sofía, no sorbas la sopa. Merceditas, siéntate bien. Rocío, deja de poner esa cara. Y ahora que ya no se aburre ni está nunca sola, las horas se le pasan volando. Cuánto trabajo me da esta chiquilla, piensa su mamá, pero da gusto verla cómo se divierte, lo que le gusta jugar con sus muertitas.
martes, 1 de noviembre de 2011
AL RICO VIRUS
No fue hasta que los científicos descartaron cualquier otra hipótesis que alguien empezó a relacionar el mal con el poder adquisitivo de los enfermos. No hubo un solo contagio entre personas con un patrimonio inferior a los cien mil euros. Ni uno sólo. Era un virus que atacaba, con insobornable virulencia y exclusividad, a los ricos. Afectaba principalmente al hígado y a los riñones, los órganos más cercanos al bolsillo, y de ahí se extendía al páncreas, al bazo y a los pulmones. En la mayoría de los casos hasta la muerte.
Empezaron las donaciones indiscriminadas, los regateos a la baja en los sueldos de los grandes directivos, la devolución de las jubilaciones millonarias. Los futbolistas exigían ser mileuristas, los actores de Hollywood cerraban contratos con nóminas irrisorias. En las gasolineras se pagaba la voluntad.
La vida empezó a mejorar para todos. La balanza se equilibró. Desaparecieron las diferencias y con ellas el malestar social.
Sólo quedó un grupo de millonarios dolientes, enfermos crónicos, que incapaces de desprenderse del dinero que destrozaba su salud, se arrastraban con denuedo hasta sus limusinas blancas. Vivían enchufados a botellas de suero, conectados a máquinas de diálisis, convertidos en desechos humanos, garabatos agarrados a su pobre y triste dinero. Podridos.
miércoles, 26 de octubre de 2011
EL FIN DEL MUNDO
Nadie lo predijo para ese día, pero el fin del mundo llegó. En modo alguno representó un acontecimiento funesto de especial relevancia en el universo. No fue por el impacto de un meteorito o por venganza de la naturaleza en forma de cataclismo. Ni siquiera fue el resultado de una tercera guerra mundial. El mundo se acabó porque sí, su bullicio tonto colapsó. La oscuridad serena y muda quedó disponible.
martes, 18 de octubre de 2011
TERRITORIO DE FICCIÓN
Todos los relatos que J. escribía empezaron a formar parte de sus vivencias, quedaban almacenados en el mismo lugar que los hechos acontecidos, engrosaban y a veces suplantaban la memoria real. Al principio fue sólo eso, pero después empezó a añadir detalles, falsos recuerdos nuevos se sumaban a lo narrado en sus historias. Si el relato transcurría en un barrio de París, él recordaba paseos por calles que sus narraciones no mencionaban, encuentros con personas que pertenecían al grupo de amistades del protagonista, totalmente desconocidas para el lector. Así fue como fue creando una vida paralela en sus escritos, entre los que se encontraba mucho más cómodo que en la previsible no-ficción.
Un día dejó de aparecer por los lugares en los que solíamos encontrarnos todos, de responder a las llamadas de teléfono y a los mensajes de sus amigos. Y siendo las caminatas por el barrio sus más atrevidos desplazamientos, enseguida descartamos un viaje imprevisto. Simplemente se había volatilizado.
No supe de él hasta años más tarde. La vida le había ido bien, si es que dedicarse al arte y ganar mucho dinero supone alcanzar lo que algunos llaman felicidad. Pero ese éxito no se reflejaba en sus pensamientos, a menudo teñidos de una nostalgia amarga por aquella antigua bohemia de París, por los amores pasados, por una época en la que pactar con el sistema no se planteaba siquiera como posibilidad.
Pero debo reconocer, más allá de cualquier otra consideración , que tampoco me sorprendió demasiado el hecho de encontrarlo de protagonista en un libro de Houellebecq.
domingo, 9 de octubre de 2011
EL REENCUENTRO
Una escueta carta me avisaba de su llegada a Barcelona sin mucho tiempo para indagar en las telarañas de aquel antiguo abandono, sin poder asomarme al profundo agujero encapsulado entre capas y capas de materia sensible.
En el autobús que me llevaba al centro y a su encuentro, el enfado hacia él trasmutaba en autocompasión y orillaba el desprecio, saltaba de pronto a la conmiseración y de ahí a la infinita tristeza.
No le reconocí de tan viejo que estaba, pero él me sonrío enseguida. Se levantó de la mesa del bar para saludarme y observé que cojeaba. Al ver su cara tan cerca, me sorprendí pensando aliviada, que la mía había cambiado menos que la suya.
Y hablamos. Sin atropellos. Y nos escuchamos. Y como si cabalgáramos jaleados por una suave corriente ajena a nosotros, fuimos poniendo piedra sobre piedra hasta edificar sobre el vacío. No hicieron falta explicaciones concretas sobre su desaparición y su silencio. Pero le hablé de todo lo que sentía que me había robado y cuánto de él había buscado incansablemente en otros hombres. Y todo lo que emergía entre nosotros con fuerza sanadora eran variantes de sentimientos que orbitaban alrededor del eje del perdón.
Pasaron las horas y sellamos incontables grietas, muchas de ellas descubiertas en el instante previo a su sellado. Pero en todo el tiempo que estuvimos juntos fui incapaz, y así me lo señaló él con suave resignación, de conseguir volver a llamarle papá.
Dedicado a mi buena amiga Ila, ella ya sabe porqué
domingo, 2 de octubre de 2011
LA MUJER DE MI SUEÑO
Por favor, coja número y espere. Me siento en la única silla desocupada. Enrollo y desenrollo el número 93 haciendo un canutillo cada vez más apretado, la pantalla electrónica salta al número 27. Cambian las unidades y las decenas, algunos números quedan atascados largos minutos, pero no tengo prisa. Llega mi turno. Después de grabar los datos y pagar mi dispositivo UST, vuelvo a casa. Tomo una cena frugal, inserto el UST en mi RB2 y me dispongo a disfrutar del sueño recién comprado. Pocos segundos después de apoyar la cabeza en la almohada, me quedo intensamente dormido. Las imágenes llegan puntuales como prometía la publicidad del producto. Todo es tal como lo imaginé, como conseguí describirlo. Y ya por fin la tengo delante. A ella, mi amada, distante y hermosa, moviendo sus labios asalmonados que imagino rellenos de pulpa de fresa, suave y jugosa. Me habla a mí, me mira con estudiada coquetería. Mi corazón aletea ingrávido. Por favor, coja número y espere, dice la mujer de mi sueño.
sábado, 24 de septiembre de 2011
HIPOCONDRÍA
Un calambre me avisó de la inevitable presencia de un principio de úlcera. La urticaria empezaba a extenderse incontenible por brazos y piernas, al tiempo que una severa broncoconstricción disminuía el flujo de entrada de aire a mis pulmones hasta provocarme un ataque de asma. Zumbaban mis oídos como si un enjambre de abejas hubiera anidado en ellos. La nausea también llegó puntual precediendo a las arcadas. Me arrastré hasta el baño. Vomité la aspirina que acababa de tomar y al instante me sentí libre de todos aquellos terribles efectos adversos con los que el prospecto amenazaba. Me sentí feliz y aliviada de recuperar mi seguro y tranquilizador dolor de cabeza.
lunes, 12 de septiembre de 2011
EN EQUILIBRIO
Se peinaba con la raya en medio. Dormía la mitad exacta de la noche de un lado y la otra mitad del contrario. Un reloj abrazaba cada muñeca. Cuando estaba sentado, calculaba los minutos de cada postura para buscar la simetría en el roce, en la tensión, en el descanso. Si se encontraba con varias personas a la vez, simultaneaba ambas manos para saludar. Su obsesión por el equilibrio era tal que cuando tras una caída se rompió la muñeca y le enyesaron el brazo izquierdo, el mismo día se autolesionó el derecho. No podía imaginar peor condición que la del desequilibrio. Por eso aprendió a escribir y a masturbarse con la izquierda y a cortar la carne con ambas manos. Vivió la simétrica cifra de sesenta y seis años. A esa edad murió en un sanatorio mental para desequilibrados.
domingo, 4 de septiembre de 2011
NUESTRA CASA
Es una casa sin ventanas, sin sillas, sin mesas. Ni un fregadero que recoja el agua de un grifo inexistente. No hay camas que convoquen al descanso, ni paredes que detengan vientos inoportunos. Tampoco existe un tejado que detenga la lluvia. No hay aire, ni cajones, ni espejos. Solo persiste mi empeño en seguir llamándole casa.
lunes, 29 de agosto de 2011
LOS PÁJAROS
Los pájaros subrayan todas las pérdidas que, inesperadas o tiernas, a veces en goteo y otras en cascada, caen desde siempre sobre mí.
Así fue con el gorrión que vi posarse ingrávido sobre el hombro del abuelo el día que murió sentado en su balancín. O la golondrina muerta que la gata depositó sobre la alfombra justo en el instante en el que un motorista atropellaba a papá a cien metros de casa.
Sigue vivo en mí el recuerdo del paritorio, y de aquel cartel publicitario desde el que una lechuza anunciaba la apertura de un centro de urgencias nocturno. Así me despedí, mirando los ojos de la lechuza y a empujones imposibles, de mis nueve meses de embarazo.
Por eso anoche no me extrañó el anuncio: tras la fiebre de los abrazos, después de decantarte en mí, me llegó la certeza de tu adiós casi como un alarido tangible. Al levantarme para ir al baño, observé en la mancha que había resbalado de mí sobre la sábana, la forma precisa y nítida de un cuervo.
domingo, 21 de agosto de 2011
SUSPENDIDO POR LOS PELOS
Un pelo endemoniado crecía desafiante en mi barbilla. Advertí que había alcanzado los dos milímetros mientras intentaba convencer a un jurado de que era apta para la única plaza de catedrática de Historia Contemporánea convocada para ese año. Durante varios meses preparé a conciencia mi disertación sobre los peligros de la introducción de la escritura en pueblos indígenas de cultura ágrafa. Al tocar la punta del pelo tieso supe que ya no había nada que hacer. El resto de la exposición fue subrayado por las muecas de mi cara al acompañar los vanos esfuerzos por arrancar el pelo haciendo pinza entre las uñas de los dedos corazón y el pulgar. Era un pelo grueso y escurridizo, de raíz profunda, plantado con la mayor descortesía en medio de mi barbilla. Y desde su aparente insignificancia pedía mi total atención. La obtuvo. Corté en seco mi ineficaz discurso y tras varios intentos conseguí mi propósito. Con el pelo por fin atrapado entre las uñas sonreí al público. Me detuve a observar con detenimiento su gruesa raíz, con enorme, orgánico placer. Lo sacudí con una pequeña fricción de los dedos, recogí los papeles que había apilado sobre la mesa y, con paso firme y decidido, bajé los dos escalones del estrado.
miércoles, 3 de agosto de 2011
LA OTRA
La luz de la tarde se empeñaba en emborronar los contornos de las cosas como si se propusiera adecuarlos a la exigencia del escenario impreciso de los sueños. Adela dormitaba sobre el sofá mientras su madre se ocupaba de cepillarle el pelo. Había algo mecánico, muy placentero para ambas, en aquel acto realizado con incontestable rigor. Se oyó la cerradura de la puerta. Álvaro entró cargado de bolsas y ni siquiera las besó, se limitó a un ¿cómo están mis reinas? Era raro en él, tan atento siempre con las que él llamaba “sus mujercitas” El silencio llegaba cargado de información. Sonó el teléfono y Álvaro acudió de inmediato a contestar, para después encerrarse a hablar desde su dormitorio. El suave, acaramelado tono de voz les llegaba como el murmullo de un presagio, un leve pellizco de orfandad. Miau, dijo Adela moviendo el rabo. Miau, miau, dijo su mamá.
















